Entre los años 2.000 - 1.700 a.C., bajan de la alta Mesopotamia a Palestina, grupos de emigrantes amorreos que recorren las regiones menos pobladas en busca de pastos para sus rebaños. Estaban agrupados en clanes o tribus presididos por un jefe, al que denominaban patriarca.

La Biblia presenta a los patriarcas como ejemplos de la fe en Dios y en sus promesas, de la obediencia a su voluntad, de la confianza en su providencia y de la gratitud por los bienes de Él recibidos. Nos da el nombre de algunos de ellos: Abraham, Isaac y Jacob.

Entre los siglos XVIII - XVII a.C., algunos clanes tienen que emigrar a Egipto para sobrevivir, otros permanecieron en Palestina.