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Corinto, capital de la provincia romana de Ácaya,
era una de las ciudades comerciales más importantes, disponía
de dos puertos y era el paso obligado entre Oriente e Italia. |
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Unos judíos convertidos, procedentes de Palestina, que presumían
de haber convivido con los Doce llevaron una doctrina desviada e intentaban
desprestigiar a Pablo, su doctrina y su evangelización. Su excesiva tolerancia
les llevó además, a permitir una cierta relación con los
paganos, sin darse cuenta del peligro que esto suponía para los cristianos
recién convertidos. El motivo de esta primera carta, escrita desde Éfeso
el año 57, es el conocimiento de esta serie de irregularidades y la respuesta
a unas dudas que le fueron planteadas por medio de emisarios.
En la carta no hay un tema central, sino un análisis de la moral decadente
en que se encontraba la ciudad de Corinto, buscando restablecer la unidad. En
esta carta se recogen respuestas a preguntas sobre el matrimonio, dones del
Espíritu (I Cor 12, 1-11), la Iglesia cuerpo místico de Cristo
(I Cor 12, 12-31), la resurrección de los muertos (15) y sobre la caridad
(I Cor 13, 1-13).

Cuando Pablo tuvo que abandonar Éfeso por el motín de los plateros
(Hechos 19, 23-38) se dirigió a Macedonia. Allí se encontró
con Tito quien le dijo que la primera carta había sido muy bien recibida
en Corinto y que muchos indecisos habían vuelto a unirse a la comunidad.
Pablo envió de nuevo a Tito a Corinto con esta segunda carta en la que
desarrolla una defensa de su ministerio apostólico.
Está dividida claramente en tres partes: Presentación (II Cor
1,7) en la que Pablo defiende su apostolado y su relación con la comunidad.
En la segunda parte (II Cor 8,9) habla de la colecta a favor de los hermanos
de Jerusalén y del valor de la solidaridad y en la tercera (II Cor 10,13)
Pablo defiende su apostolado frente al de los falsos apóstoles.