Corinto, capital de la provincia romana de Ácaya, era una de las ciudades comerciales más importantes, disponía de dos puertos y era el paso obligado entre Oriente e Italia.
En Corinto se practicaban numerosos cultos. Había templos dedicados a diferentes divinidades, aunque Venus era la más importante, así pues, el cristianismo chocaba por primera vez con la cultura griega. También había una sinagoga, lo que indica la existencia de una pequeña comunidad de judíos.
Pablo fundó la comunidad cristiana de Corinto durante su segundo viaje apostólico (años 50-53). Predicó el evangelio durante año y medio, acompañado por Silas y Timoteo. Consiguió numerosas conversiones entre los gentiles, pero los judíos se mostraron tan hostiles a la predicación de Pablo, que el Señor tuvo que darle ánimos pasa que siguiera con su misión. (Hechos 18, 9-10)
Durante su estancia en Corinto escribió las dos Cartas a los Tesalonicenses.
La creciente oposición de los judíos hizo que abandonara la ciudad acompañado de Aquila y Priscila, un matrimonio cristiano llegado de Roma, que le habían ayudado durante su estancia en la ciudad.
Aproximadamente un año después de su marcha, llegó a la ciudad Apolo, quien continuó la misión evangelizadora.
Pablo volvió a visitar la ciudad viajando desde Éfeso durante su tercer viaje, hacia el año 57, después de escribir la primera carta a esta comunidad de cristianos. Un viaje posterior realizado desde Macedonia, hará que se establezca en la ciudad durante el invierno del año 57 al 58.

Unos judíos convertidos, procedentes de Palestina, que presumían de haber convivido con los Doce llevaron una doctrina desviada e intentaban desprestigiar a Pablo, su doctrina y su evangelización. Su excesiva tolerancia les llevó además, a permitir una cierta relación con los paganos, sin darse cuenta del peligro que esto suponía para los cristianos recién convertidos. El motivo de esta primera carta, escrita desde Éfeso el año 57, es el conocimiento de esta serie de irregularidades y la respuesta a unas dudas que le fueron planteadas por medio de emisarios.
En la carta no hay un tema central, sino un análisis de la moral decadente en que se encontraba la ciudad de Corinto, buscando restablecer la unidad. En esta carta se recogen respuestas a preguntas sobre el matrimonio, dones del Espíritu (I Cor 12, 1-11), la Iglesia cuerpo místico de Cristo (I Cor 12, 12-31), la resurrección de los muertos (15) y sobre la caridad (I Cor 13, 1-13).

Cuando Pablo tuvo que abandonar Éfeso por el motín de los plateros (Hechos 19, 23-38) se dirigió a Macedonia. Allí se encontró con Tito quien le dijo que la primera carta había sido muy bien recibida en Corinto y que muchos indecisos habían vuelto a unirse a la comunidad. Pablo envió de nuevo a Tito a Corinto con esta segunda carta en la que desarrolla una defensa de su ministerio apostólico.
Está dividida claramente en tres partes: Presentación (II Cor 1,7) en la que Pablo defiende su apostolado y su relación con la comunidad. En la segunda parte (II Cor 8,9) habla de la colecta a favor de los hermanos de Jerusalén y del valor de la solidaridad y en la tercera (II Cor 10,13) Pablo defiende su apostolado frente al de los falsos apóstoles.