Galacia era una provincia romana en la que se encontraban las ciudades de Derbe, Listra, Iconio y Antioquía de Pisida. Pablo las visitó en su primer viaje apostólico, pero fue durante su segundo viaje cuando realizó su evangelización.
A lo largo del tiempo en que estuvo con los gálatas, le trataron con un inmenso cariño, por eso les dedicaba palabras que expresaban su agradecimiento: "Hijitos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta que se forme Cristo en vosotros"(Gálatas 4, 19)
Pablo les escribe desde Éfeso, en el curso de su tercer viaje, entre los años 54-55. El motivo de la carta fue el conocimiento de que algunos judíos, convertidos al cristianismo, no estaban de acuerdo con su doctrina, predicaban en esta provincia en contra de sus enseñanzas.
El primer problema grave que tuvo que afrontar el cristianismo es sus inicios fue la relación entre la Buena Noticia y la Ley de Moisés. Aunque este problema había sido tratado y solucionado en el primer Concilio de Jerusalén. Los judíos conversos (judaizantes), que no aceptaban las decisiones tomadas en el Concilio, pretendían exigir a los cristianos de origen pagano, las prácticas de la ley judía y , por tanto, también la circuncisión. Según la enseñanza de Pablo, no se podía renunciar a la salvación que nos viene por la fe en Jesucristo, ni destruir la universalidad de la Iglesia. De aceptar las teorías de los judaizantes se mutilaría la doctrina de Cristo.

Pablo hace una defensa de su autoridad apostólica y denuncia el error de los judaizantes.
La carta consta de 3 partes, en la primera hace una defensa de su autoridad apostólica y de la conformidad de su evangelio con el de los apóstoles, que él ha recibido, lo mismo que su autoridad, del mismo Cristo.
En la segunda expone que la salvación no viene por las obras de la ley sino por la fe en Jesucristo.
En la tercera expone que a partir de Cristo ya no es la ley mosaica, sino la nueva ley de la caridad el móvil de la conducta de los cristianos.