Son las cartas dirigidas a dos discípulos suyos, Timoteo y Tito, que eran obispos de las comunidades cristianas de Éfeso y Creta respectivamente.
Contienen consejos para el buen funcionamiento de las Iglesias, sobre su organización y sobre las funciones de los ministros. Timoteo y Tito ordenaban presbíteros, por eso, les da consejos para la buena elección de los mismos.
Pablo pone de relieve puntos centrales del cristianismo, la fe y la esperanza en Cristo, la Iglesia como casa de Dios a la que todos están llamados sin tener en cuenta lengua, raza o nación.
Lo más probable es que la primera carta a Timoteo y la de Tito las escribiera desde Macedonia hacia el año 66.
Cuando se encuentra encarcelado en Roma escribe la segunda Carta a Timoteo. Pablo escribió esta epístola en su prisión de Roma, siendo consciente de que su fin estaba próximo, le pide que vaya a verle pues se siente solo y necesita su ayuda. Ésta es la razón por la que se piensa que se encontraba en su segunda cautividad. Por lo tanto, la carta esta escrita poco antes de su martirio que tuvo lugar en el año 67. Esta carta es el último escrito de Pablo y es considerada como su testamento espiritual.