Esta carta se le atribuye a Santiago, hijo de Cleofás y María. Se le ha llamado el Menor para distinguirlo del otro Santiago, hijo de Zebedeo. Gozaba de gran autoridad entre los cristianos de Jerusalén, de donde fue obispo hasta su muerte, ordenada por el Sumo Sacerdote, en el año 62.

La carta contiene una serie de normas morales inspiradas en los libros sapienciales, pero su desarrollo está basado en las enseñanzas del Señor derivadas del Sermón de la Montaña. Está dirigida a "las doce tribus de la dispersión", a los cristianos de origen judío dispersos por el mundo, animándoles a soportar las persecuciones y a practicar las virtudes humanas.

El punto central de la carta es: "La fe sin obras es una fe muerta" (2,14-26). Lutero desacreditó esta carta porque se oponía a su falsa doctrina, que defendía la justificación (salvación) por la fe sin las obras.

Santiago proclama en la carta el Sacramento de la Unción de los Enfermos (5, 14-15), instituido por Cristo.