(Juan 13, 33-35)

Un día se acercó uno de los escribas que había oído a los saduceos discutir con Jesús sobre la resurrección de los muertos y, viendo que Jesús les había respondido muy bien, le preguntó: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?".
Jesús le contestó: "El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos".
Le dijo el escriba: "Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios".
Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios". Y nadie más se atrevió a hacerle más preguntas.

Otro día, poco antes de morir Jesús, volvió a recordar a sus discípulos qué era lo más importante. Cuando terminaron de celebrar la cena de Pascua, Jesús se despidió de sus discípulos y les dijo: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que como yo os he amado, así también os améis unos a otros. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros".