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Siguiendo su camino, llegaron a Betania, lugar al que Jesús y
sus discípulos acudían con mucha frecuencia. Allí
vivían Lázaro, el amigo de Jesús, y sus hermanas
Marta y María.
Cuando se instalaron en casa de Lázaro, María se sentó
a los pies del Señor a escuchar sus palabras. Marta, por su parte,
iba de un lado para otro para atender a los huéspedes, y no paraba
de preparar cosas. Como María no la ayudaba se acercó a
Jesús y le dijo: "Señor, ¿qué te parece
que mi hermana me deje a mí sola todo el servicio?. Dile, por favor,
que venga a ayudarme".
Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta,
trabajas y te preocupas de muchas cosas; pero sólo una es necesaria.
María ha elegido la mejor parte, y no se la podrá quitar
nadie".
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