(Lucas 11, 1-4; Mateo 6, 5-8)

En una ocasión estaba Jesús rezando en un lugar apartado. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos". Jesús les dijo: "Cuando oréis decid:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas
como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.

Cuando recéis no seáis como los hipócritas que prefieren rezar de pie en las sinagogas y en las plazas para que todo el mundo los vea. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú cuando reces entra en tu habitación cierra la puerta y reza a tu padre, que está allí a solas contigo en lo secreto. Y tu Padre que ve lo secreto de tu corazón, te recompensará. Cuando pidáis y recéis a Dios no utilicéis muchas palabras como hacen los paganos que creen que así serán mejor escuchados. No hagáis como ellos pues vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo hayáis pedido."