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El segundo viaje lo realizó entre los años 50-52 acompañado
de Silas. Hechos 15, 36-41 ; cap. 16, 17 y 18, 1-22
Salieron de Antioquía y visitaron las Iglesias que Pablo
y Bernabé habían fundado en el primer viaje. En Listra
se les unió Timoteo como compañero de viaje, atravesaron
Frigia y Galacia, llegando a Tróade.
En Tróade tuvo una visión en la que un macedonio le pedía
que visitaran su país. Convencido de que Dios le pedía que
realizara ese viaje, se pusieron en camino hacia Macedonia.
Llegaron a la ciudad de Filipos y encontraron a Lidia, una
comerciante de púrpura, que pidió el bautismo para ella
y para toda su familia. Por expulsar los demonios de una adivina, fueron
detenidos y azotados con varas. Cuando estaban encarcelados se produjo
un gran terremoto, que sacudió los cimientos de la cárcel,
abriéndose las puertas y las cadenas de los presos. Cuando fue
el carcelero Pablo y Silas continuaban en su celda. Solamente salieron
de la cárcel cuando los magistrados les soltaron, al saber que
eran ciudadanos romanos. Pasaron unos días en casa de Lidia y continuaron
su viaje.
Llegaron a Tesalónica, capital de la provincia romana de
Macedonia, donde había una sinagoga. Pablo habló en ella
y muchos judíos y griegos se convirtieron. Algunos judíos
querían detenerlos y los nuevos discípulos enviaron a Pedro
y Silas a Berea.
En Berea, también hablaron en la sinagoga. Cuando los tesalonicenses
se enteraron que estaban allí fueron para alborotar a la gente.
Silas y Timoteo se quedaron en Berea, pero Pablo tuvo que ser llevado
a Atenas por miedo a lo que pudiera pasarle.
Su estancia en Atenas no tuvo mucho éxito, así que
partió para Corinto. En esta ciudad encontró a Aquila
y Priscila, un matrimonio judío que había llegado
de Roma, obedeciendo la orden de Claudio según la cual todos los
judíos debían salir de Roma. Cuando Silas y Timoteo llegaron
de Macedonia, Pablo de dedicó a predicar en las sinagogas el mensaje
de Jesús. Muchos corintios se convirtieron y se bautizaron. Durante
su estancia en Corintio escribió las dos Cartas
a los Tesalonicenses, seguramente los primeros libros del
Nuevo Testamento que se escribieron.
En el viaje de regreso llegaron hasta Éfeso. Aquila y Priscila
también les acompañaron. Estuvieron poco tiempo y salieron
rumbo a Cesarea.
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